¿Podría la humanidad comunicarse con una inteligencia completamente diferente?

Todos (o casi) estamos de acuerdo en algo: encontrar una inteligencia fuera de la Tierra sería uno de los descubrimientos más importantes de nuestra historia. Tal vez el más importante. Pero existe un factor que no siempre tenemos en cuenta: ¿y si no pudiéramos comunicarnos?
Cuando dos seres humanos no comparten un idioma, aún quedan muchos recursos para intentar entenderse. Pueden utilizar gestos, imágenes, números o buscar palabras comunes. Todos esos métodos funcionan porque compartimos una experiencia del mundo bastante parecida.
Con una inteligencia completamente diferente, ni siquiera eso estaría garantizado.
El idioma podría ser el menor de nuestros problemas
Cuando pensamos en comunicarnos con una civilización extraterrestre, el primer obstáculo que solemos imaginar es el lenguaje. ¿Cómo traducir un idioma que nunca hemos escuchado?
Podríamos empezar tal vez por algo más básico. Las matemáticas permiten representar relaciones y cantidades independientemente de la lengua. Una simple secuencia de números primos podría demostrar que detrás de una señal existe una estructura artificial. Esta idea está muy presente en la búsqueda científica de señales procedentes de otras civilizaciones.
Pero reconocer una estructura matemática no implica necesariamente entender qué significa para quien la ha enviado. Y ahí empieza el verdadero problema.
Cada inteligencia podría percibir un mundo diferente
Nuestra manera de entender la realidad está condicionada por nuestros sentidos.
Los seres humanos vemos solo una pequeña parte del espectro electromagnético. Otros animales (los humanos también los somos) perciben luz ultravioleta, detectan campos magnéticos o utilizan la ecolocalización. Para ellos, el entorno contiene información que nosotros simplemente no podemos experimentar. Y hablamos de diferencias entre seres vivos que comparten un mismo planeta.
Una inteligencia que hubiera evolucionado bajo condiciones completamente distintas podría tener un tipo de percepción extraordinariamente alejada de la nuestra.
Una imagen que para nosotros resulta evidente podría no significar absolutamente nada para ella. Incluso conceptos que consideramos básicos podrían no formar parte de su manera de organizar la realidad. Dicho alto y claro: traducir las palabras no sería suficiente.
Pensar de otra manera
La diferencia podría ser todavía mayor en el terreno de la inteligencia.
Los seres humanos pensamos en individuos, objetos, causas y consecuencias. Tenemos memoria, emociones y una percepción propia del tiempo. Desconocemos cuáles de estas características son necesarias para desarrollar una inteligencia avanzada y cuáles son simplemente consecuencias de nuestra propia evolución.
Una inteligencia alienígena podría funcionar como una entidad colectiva. Podría no tener una experiencia individual comparable a la nuestra. Podría percibir el tiempo de otra forma o utilizar categorías que ni siquiera tenemos palabras para describir.
En ese escenario, podríamos encontrarnos con algo extraño: dos inteligencias capaces de resolver problemas complejos, pero que no coinciden en qué consideran un problema. Y eso cambiaría por completo nuestra idea de lo que significa comunicarse.
Recibir una señal no significa comprenderla
Incluso dentro de nuestro propio planeta existe una gran diferencia entre detectar una comunicación y comprenderla.
Sabemos que muchos animales intercambian información mediante sonidos, movimientos o señales químicas. Podemos estudiar esos sistemas y reconocer determinados patrones, pero nada de esto significa que conozcamos exactamente qué experiencia acompaña a esas señales.
Con una inteligencia extraterrestre, la distancia podría ser mucho, mucho mayor.
Podríamos enviar un mensaje y recibir una respuesta. Podríamos comprobar que ambas señales contienen patrones artificiales y llegar incluso a establecer una especie de intercambio. Pero nada de esto demostraría necesariamente que existe comprensión.
Podríamos estar interpretando correctamente una estructura sin entender en absoluto la intención que hay detrás.
Construir un lenguaje desde cero
Las buenas noticias son: aun así, la comunicación podría ser posible.
Probablemente no empezaría con una conversación, sino con algo mucho más rudimentario. Una señal podría repetirse. Otra podría aparecer después de un determinado patrón. Poco a poco podríamos establecer relaciones entre diferentes elementos y construir un código compartido.
Sería un proceso parecido a crear un lenguaje desde cero, aunque con una dificultad añadida: no sabríamos prácticamente nada sobre la mente que tenemos al otro lado. Y las distancias espaciales complicarían todavía más las cosas. Una señal enviada desde otro sistema estelar podría tardar años en llegar. Una respuesta podría tardar otros tantos.
Una conversación interestelar sería, literalmente, una conversación entre épocas diferentes.
El primer contacto podría cambiar nuestra idea de inteligencia
Si alguna vez conseguimos comunicarnos con una inteligencia radicalmente diferente, el descubrimiento tendría consecuencias que irían mucho más allá de saber que no estamos solos. Las consecuencias, a un nivel filosófico, serían incalculables.
Podría obligarnos a replantear qué entendemos por lenguaje, conciencia e inteligencia. Tal vez descubramos que algunas características que consideramos universales son simplemente producto de nuestra propia evolución.
Por eso, lo verdaderamente interesante no es pensar en qué podríamos decirle, sino en si seríamos capaces de entender lo que nos dijera.
Curiosamente, tal vez ese primer contacto nos enseñaría que comunicarse no consiste tanto en hablar como en saber escuchar. Ante una inteligencia completamente diferente, tendríamos que estar preparados para observar, aprender y aceptar que quizá no entendamos su forma de ver el mundo a la primera.
