El universo dentro de cien billones de años: un viaje al futuro más lejano imaginable

Al pensar en el futuro, normalmente usamos escalas de tiempo que tienen sentido para nosotros. Diez años, para nosotros, pueden parecer mucho. Cien años ya resultan difíciles de imaginar. Un millón de años pertenece a una escala completamente diferente.
Pero el universo juega con otras reglas.
Dentro de cien billones de años, una cantidad de tiempo tan enorme que nuestra mente apenas puede representarla, el cosmos será un lugar radicalmente distinto al que conocemos. Apenas quedarán la mayoría de las estructuras que hoy consideramos permanentes y el cielo nocturno será prácticamente irreconocible.
Las estrellas que iluminan actualmente el universo habrán desaparecido, y lo más contraintuitivo de todo es que el universo seguirá existiendo.
Cuando se apaguen las estrellas
Las estrellas no son eternas. Nacen, evolucionan y finalmente consumen el combustible que les permite producir energía. Algunas terminan sus vidas de manera espectacular, mientras que otras se enfrían lentamente hasta convertirse en objetos oscuros y difíciles de detectar.
Durante miles de millones de años, el universo seguirá produciendo nuevas estrellas a partir del gas disponible. Pero sabemos que ese proceso no puede continuar de manera indefinida. Con el tiempo, el material necesario para formar nuevas estrellas será cada vez más escaso. Las galaxias irán perdiendo su capacidad para crear esos inmensos motores de luz y todo el universo comenzará a entrar en una etapa completamente diferente. Lo sabemos.
El cielo, poco a poco, se apagará.
No ocurrirá de golpe. Será un proceso extraordinariamente lento, extendido durante periodos que superan cualquier experiencia humana. Se trata de una lentitud que al ser humano le cuesta tan solo imaginar.
Un universo cada vez más oscuro
Llegará un momento en que las estrellas serán una rareza. Las últimas estrellas de baja masa, capaces de consumir su combustible de manera extremadamente lenta, podrían continuar brillando durante billones de años. Pero incluso ellas terminarán desapareciendo.
Después tan solo quedarán restos estelares: enanas blancas, estrellas de neutrones y agujeros negros, junto con materia dispersa por un espacio cada vez más vacío.
El universo no se detendrá, se irá transformando en un lugar mucho más oscuro de lo que hoy es.
También las galaxias irán perdiendo su aspecto actual. La expansión del universo hará que muchas de ellas se alejen tanto de nosotros que dejarán de ser observables. El cosmos que hoy podemos contemplar desde la Tierra será sustituido por una realidad mucho más aislada, con unas estructuras que estarán separadas por distancias enormes.
El universo evoluciona, como lo hacemos nosotros, humildes humanos.
El largo reinado de los agujeros negros
En ese futuro lejano, los agujeros negros podrían convertirse en algunos de los objetos más importantes del universo. Estas realidades, que fueron la especialidad del añorado Stephen Hawking, son capaces de sobrevivir a la desaparición de las estrellas que los formaron y pueden permanecer durante periodos de tiempo extraordinariamente largos.
Pero ¿sabes qué?: tampoco ellos son eternos.
Según predijo Hawking, los agujeros negros pueden perder energía lentamente mediante un fenómeno conocido como radiación de Hawking. A escalas temporales inimaginablemente grandes, incluso los agujeros negros terminarían evaporándose.
El último agujero negro supermasivo desaparecería después de un periodo de tiempo tan enorme que los cien billones de años de nuestro título serían, comparativamente, apenas una etapa temprana.
Y entonces quedaría un universo todavía más vacío. Y ahora llega la gran cuestión.
¿Qué queda cuando casi todo ha desaparecido?
Aquí entramos en una de las etapas más extrañas que contempla la cosmología.
Sin estrellas, sin galaxias activas y sin agujeros negros, el universo estaría dominado por partículas extremadamente dispersas y por una cantidad cada vez mayor de espacio vacío. La energía disponible para posibilitar nuevos acontecimientos sería cada vez menor. Es la situación que suele asociarse con la muerte térmica del universo.
No significa que el universo vaya a explotar ni que vaya a desaparecer físicamente. La idea es mucho más extraña y silenciosa: con el paso del tiempo, la energía se distribuiría de manera cada vez más uniforme y habría cada vez menos diferencias capaces de producir procesos complejos.
El cosmos continuaría existiendo, pero cada vez ocurrirían menos cosas.
Un futuro que cambia nuestra perspectiva
Resulta difícil pensar en cien billones de años sin sentir que estamos intentando comprender algo que está fuera de nuestra escala mental. Nuestra especie apenas lleva unos cientos de miles de años sobre la Tierra y nuestra civilización ocupa un instante todavía más pequeño en la historia del universo.
Sin embargo, pensar en ese futuro puede ser interesante precisamente por eso.
Porque nos obliga a cambiar de perspectiva. Todo lo que observamos en nuestras vidas: las montañas, las ciudades, las civilizaciones e incluso las estrellas que parecen formar parte permanente de la realidad son, en realidad, estructuras temporales. El universo también cambia, aunque sus transformaciones ocurran en escalas que escapan por completo a nuestra experiencia cotidiana.
Y quizá ahí exista una de las ideas más fascinantes de la cosmología: nada de lo que conocemos parece estar destinado a permanecer para siempre.
El universo después de nosotros
Cuando los seres humanos hablamos del futuro lejano del cosmos, de inmediato surge una pregunta mucho más cercana y nivelada con nuestra propia experiencia sensitiva: ¿qué lugar ocupa nuestra existencia dentro de una historia tan enorme?
Probablemente nunca lleguemos a contemplar esas etapas del universo. Nuestra especie puede desaparecer mucho antes, transformarse en algo completamente distinto o alcanzar un futuro que hoy resulta imposible imaginar.
Pero eso no hace menos interesante la pregunta. Al contrario. Pensar en un universo que continuará su historia durante cantidades de tiempo prácticamente inimaginables nos recuerda que la existencia humana ocurre dentro de una escala mucho mayor que nosotros mismos.
Las estrellas nacen y mueren. Las galaxias cambian. El espacio se expande. Los agujeros negros desaparecen. Y mientras tanto, durante un pequeño intervalo de esa historia cósmica e inabarcable, nosotros estamos aquí intentando comprenderla.
Si lo piensas por un momento, es extraordinario: que una forma de vida que apareció durante un instante en la historia del universo haya sido capaz de mirar hacia el futuro más lejano y preguntarse qué habrá allí cuando ya no quede casi nada.
